O Globo - 26/02/2009por Paulo Vannuchi*Es muy bienvenida la intervención de los expresidentes Fernando Henrique Cardoso (Brasil), César Gaviria (Colombia) y Ernesto Zedillo (México), en la reunión de la Comisión Latinoamericana sobre Drogas y Democracia, que proponen cambios en el abordaje prevalente hoy, en Brasil y en el mundo, a respecto de esta cuestión. El tem tiene evidente interfaz con la protección de los Derechos Humanos, exigiendo políticas públicas sensibles a los dramas individuales y familiares que envuelven millones de brasileños.
El enfoque represivo, típico de las dictaduras y de fundamentalistas como Bush, ya puede ser caracterizado como un estruendoso fracaso. Es necesario llevar a la reunión de la ONU, en Viena, el próximo mes, propuestas que corrijan esta distorsión. La gran prioridad debe estar localizada en el refuerzo a los programas específicos en las áreas de la salud pública, mientras corresponde a la policía el combate duro contra las organizaciones narcotraficantes, conocidamente asociadas al tráfico de armas, a redes de corrupción y a crímenes hediondos como el brutal asesinato del periodista Tim Lopes.
Se trata de una iniciativa convergente con algunas discusiones en curso en el gobierno federal, involucrando las áreas de la Justicia, de la Salud, de la Educación, de los Derechos Humanos y, ahora, del nuevo titular del Medio Ambiente. Ese dialogo se propone a formular una propuesta a ser llevada al presidente con los siguientes ejes:
- Ninguna política de drogas presentará buenos resultados mientas el tema esté bloqueado por tabus y prejuicios que ignoran el conocimiento científico y agreden el respeto a las libertades individuales que las democracias dignas de ese nombre deben asegurar;
- Completar lo pequeños avances democratizantes contenidos en la lei 11.393, de 2006 cuya tramitación, sin debate público y algo tímida, tajo marcas que son características de nuestro proceso parlamentar; las contradicciones entre sus artículos revelan que el diploma fue aprobado sin que el país hubiera construído un mínimo consenso sobre el tema;
- Abordaje de las drogas como tema de salud pública – en especial en el ambito de la Salud Mental – valorando la estrategia llamada Reducción de Daños, que ya trajo éxitos en el enfrentamiento brasileño al SIDA, reconocido como un logro mundial;
- Redicusión sobre ser – o no- el Gabinete de Segurança Institucional, heredero del Gabinete Militar del período autoritario, la instancia adecuada para coordinar esa área en el gobierno federal.
La Reducción de Daños, ya presente en varias políticas públicas brasileñas (la gestión Davi Capistrano, en Santos, por ejemplo), cuenta con una red que se reúne a cada año en un país, con la participación activa de parlamentares, como Paulo Teixeira (PT-SP) y de especialistas como el respetados núcleo de profesores de la Escola Paulista de Medicina( Universidade Federal de São Paulo). Ella se vuelve, con énfasis, a los ciudadanos que “no pueden, no quieren o no consiguen” dejar de usar drogas y condena separaciones como las impuestas por la actual legislación en que drogas de efectos comparables – alcohol, marihuana y los ingredientes del Daime, por ejemplo – son apartadas en “legales” e “ilegales” arbitrariamente.
Llega en buena hora, por lo tanto, el debate de la ONU en Viena para redefinir una estratégia mundial, en sintonia con las esperanzas originárias de la victoria de Barack Obama y el sepultamiento de la era Bush. Los expresidentes han ministrado también vacunas contra la descalificación del debate y las vulgaridades que frecuentemente lo bloquean, dando énfasis a que no se propone a legalizar lar drogas; aunque un debate democrático basado en investigaciones científicas no debe descalificar ninguna alternativa
* Paulo Vannuchi es ministro de la Secretaria Especial de los Derechos Humanos de la Presidencia de la República de Brasil.