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Por Andrea Domínguez*

Aunque la ONU refrendó su política prohibicionista de drogas, un grupo disidente de 26 países liderados por Alemania anunció que aplicará el concepto de “reducción de daños” excluido de la Declaración Política, lo que dejó constancia de una honda división al interior de la Comisión de Estupefacientes.

La reunión de la Comisión de Estupefacientes de la ONU, donde se dieron cita 52 gobiernos para evaluar la política internacional de drogas vigente durante los últimos diez años, evidenció una fuerte división entre las naciones que la integran y dejó claro que obtener consenso en este foro ya no será más el trámite fácil que fue en el pasado.

En el medio de la tensa puja que duró dos días estuvo el término ‘reducción de daños’, que finalmente quedó excluido de la Declaración Política, a pesar del intenso lobby realizado por representantes de gobiernos y organizaciones europeas y latinoamericanas.

Sin embargo, una nota firmada por 26 países entre los que se encuentran Alemania, Australia, Bolivia, España, Bulgaria y Suiza, y que fue adjuntada a la Declaración Política,  deja constancia de que estos gobiernos interpretarán el término “servicios de apoyo relacionados” –que sí está incluido en la Declaración- como “reducción de daños”, propuesta que fue vehementemente rechazada por Colombia, Cuba, Rusia y Estados Unidos.

Ésta fue una manera de no bloquear la Declaración Política y aún así, rescatar un enfoque de salud para el tema de drogas, que en algunos de esos países ya incluye tratamiento médico para usuarios de drogas, suministro de jeringas para evitar la propagación del VIH entre adictos y substitución de opiáceos por medicamentos supervisados, entre otros.

En su intervención, el embajador Rüdiger Lüdeking, jefe de la delegación alemana que lideró esta “disidencia”, aclaró que el término “reducción de daños” complementa la prevención, el tratamiento y la rehabilitación, como parte de una estrategia amplia para reducir la demanda de drogas, dirigido a enfrentar las consecuencias del abuso de drogas.

Para Martin Jelsma, coordinador del programa Drogas y Democracia del  Transnational Institute y que presenció los debates, esta nota sienta un precedente importante de desacuerdo en un organismo acostumbrado a lograr consensos sin mucha oposición. “La expresión de insatisfacción de este grupo de 25 países y las reacciones que provocó en los otros, generó un momento de mucha tensión y dejó claro que ya hay países que no están dispuestos simplemente a seguir la corriente, o a callar para permitir el consenso, sino que están preparados para debatir (…) esto es algo que no se daba en reuniones anteriores”, afirmó.

La directora del Global Drug Policy Fund, de Open Society Institut, Kasia Malinowska, agregó a este respecto que “el consenso de Viena parece ser increíblemente importante para la imagen de la Comisión de Estupefacientes y para la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito… Bueno, claramente esta era está llegando a su fin”.

Rubem César Fernandes, director de la organización brasileña Viva Rio y miembro de la Comisión Latinoamericana sobre Drogas y Democracia, también estuvo en las reuniones y afirmó que la Declaración Política fue como un “canto de cisne, una señal melancólica del fin de una historia. Los cambios ya están ocurriendo -aunque de modo disperso- alrededor del mundo, más allá de los salones vieneses. Esto es verdad inclusive en Estados Unidos; el nombramiento de un nuevo Zar Antidrogas oriundo de Seattle, cuidad famosa por sus posturas liberales, apunta en esta dirección”.

Rubem César Fernandes, director de la organización brasileña Viva Rio y miembro de la Comisión Latinoamericana sobre Drogas y Democracia, también estuvo en las reuniones y afirmó que la Declaración Política fue como un “canto de cisne, una señal melancólica del fin de una historia. Los cambios ya están ocurriendo -aunque de modo disperso- alrededor del mundo, más allá de los salones vieneses. Esto es verdad inclusive en Estados Unidos; el nombramiento de un nuevo Zar Antidrogas oriundo de Seattle, cuidad famosa por sus posturas liberales, apunta en esta dirección”.
 

“Más de lo mismo”

Aparte de este aspecto, la Declaración Política no representa mayor cambio en la política de drogas que se ha mantenido vigente los últimos diez años y por el contrario, con ella la ONU revalidó su postura prohibicionista, refrendando así su sueño de un “mundo sin drogas”. La declaración, incluso le puso fecha a este sueño: para el año 2019, las naciones deberán haber  “eliminado o significativamente reducido” los cultivos ilícitos de plantas de amapola, coca y cannabis.

Todo ello pese a la intensa argumentación de entidades como la Comisión Europea que durante el desarrollo de los debates presentó un informe cuestionando la validez de la política de drogas actual, con datos como el de que las drogas se volvieron entre un 10% y un 30% más baratas.

Según este informe,  la prohibición lo único que ha generado es el desplazamiento de los traficantes hacia lugares con poca presencia estatal, así como el uso compartido de jeringas entre adictos. “La situación mundial de las drogas parece estar más o menos en el mismo estado en que estaba en 1998… Hay pocas evidencias de que los controles puedan reducir la producción global total (…) para el tráfico. Los controles sobre la producción y el tráfico sólo redistribuyeron las actividades. La represión contra los mercados locales fracasó en la mayoría de los países”, dice el documento.

Al respecto, Lüdeking agregó durante su intervención que el mundo debía admitir que las metas y objetivos establecidos hace diez años no se cumplieron. “El consumo de drogas ilícitas y sustancias sicotrópicas no se ha reducido substancialmente. En muchos ligares del mundo, incluso ha aumentado considerablemente. Lo mismo aplica para cultivo y suministro de drogas ilícitas que no han bajado globalmente a pesar de todos los esfuerzos” y concluyó que por todo ello “más de lo mismo no es suficiente”.

Tampoco se materializaron en la Declaración Política los aplausos que recibió el presidente de Bolivia, Evo Morales, en su intento didáctico por explicar la naturaleza medicinal de la hoja de coca. “Esto es una hoja de coca. Esto no es cocaína. Es parte de una parcela de nuestra cultura. No es una droga narcótica y no es posible que esté en una lista de drogas narcóticas”, aseguró tras lo cual masticó una de las hojas. La petición formal de excluir a la hoja de coca de la lista de estupefacientes hará su curso formal en la ONU.

Incluso el jefe de la Oficina contra el Crimen y el Delito de las Naciones Unidas, UNODC, Antonio Maria Costa reconoció al inicio de la reunión el fracaso de la política de drogas en lo que tiene que ver con el crimen organizado y sus efectos en las sociedades. Costa dijo que el consumo había disminuido pero aceptó que los carteles estaban utilizando su enorme lucro para minar la democracia en varios países. Sin embargo, Costa atribuyó eso no a la política de drogas en sí, sino a la incapacidad de muchos países de llevar a la práctica las convenciones de la ONU en materia de drogas.

El trasfondo

¿Entonces, por qué insistió la CND en su política prohibicionista? En opinión de un diplomático involucrado en las negociaciones, que pidió no ser identificado, para muchos países la política de drogas es un mecanismo de control social. “Dentro de la CND existen tres grupos: uno quiere mantener el marco de lucha contra estupefacientes tal como está, pues la política de drogas permite a estos gobiernos tener control social sobre grupos de la sociedad considerados “problemáticos” tales como jóvenes, poblaciones marginadas, desempleadas o insatisfechas. En esos casos, la política de drogas, es una política de gobierno (…) que se usa para disciplinar minorías, como los negros o los hispanos, entre otros”.

El segundo grupo –afirmó el diplomático- está conformado por algunos países europeos que quieren enfocar las drogas como asunto de salud pública, considerando a las actuales drogas ilícitas tan perjudiciales como el alcohol o el tabaco y ofreciendo al consumidor asistencia médica, no punición judicial. “El tercer grupo está conformado por países latinoamericanos, con algunas excepciones como Colombia, que quieren implementar políticas de salud para manejar el tema de drogas, como en el caso de Brasil, pero que aún no han asumido una postura muy visible en la CND”, puntualizó el diplomático.

En opinión de Malinowska, la razón por la cual la CND continua defendiendo su política es que “algunos países con voz se rehúsan a admitir que un mundo libre de drogas es una fantasía y porque estos mismos gobiernos están dispuestos a ignorar evidencia científica y a priorizar una interpretación moralista e ideológica antes que tomar en cuenta las lecciones aprendidas”.

Al comentar los alcances de la Declaración, el director de la organización Human Rights Watch, Joseph Amon, dijo en un comunicado que “dada la vasta violación de derechos humanos alrededor del mundo como resultado directo de la ilegalidad de las drogas, los derechos humanos deben estar en el corazón de la política de drogas de las Naciones Unidas (…) Pero la declaración política hace poca referencia a las obligaciones legales de los estados miembros bajo tratados internacionales de derechos humanos, y no insiste en el respeto a los derechos humanos en la política de drogas”.

Sin duda, el consenso de las organizaciones no gubernamentales ligadas al tema es que la Declaración Política fue una decepción, sin embargo, quedan aspectos relevante como la nota aclaratoria de los 26 países “disidentes” y la mayor participación de la sociedad civil, a través de una actividad más vigorosa de las ONGs.

“Reuniones anteriores no se comparan con el nivel de participación de las ONGs que estuvieron presentes y que han tomado el liderazgo en temas de derechos humanos y Sida, por ejemplo. Participaron en muchas reuniones no oficiales que tuvieron impacto. Sin embargo, aún es muy limitada su participación directa en la ONU pues en la plenaria de la reunión, que duró dos días, solo hubo cinco minutos para la presentación formal de un representante de todas las ONGs”, comentó Jelsma.

El espacio reducido para la participación en la plenaria de las ONGs contrastó con la movilidad de sus representantes en los pasillos y en los eventos paralelos. Así lo evidenció Malinowska, quien reconoció que el trabajo de las ONGs fue visible y representó a la sociedad civil, un componente que no se había hecho sentir en reuniones anteriores y que parece haber obtenido un asiento la CND.

*Del portal Comunidad Segura

 

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